Experimento en la calle: Perlas antes del desayuno (del Washington Post)

A través de un artículo de Paulo Coelho hemos conocido esta noticia del Washington Post. The Washington Post puso en marcha un experimento social (al estilo de Richard Wiseman) que consistió en poner a un violinista de reconocido prestigio en el metro y ver qué sucedia. Pues fue simple, en 45 minutos no obtuvo más que 32 dólares y seis espectadores. En el artículo hacen hincapié que los conciertos de este violinista pueden costar 100 euros por entrada.
Las explicaciones a este hecho pueden ser muchas, pero casi todas tienen la misma base: Para que demos una determinada respuesta tenemos que estar en el entorno, o contexto, correspondiente.
De esta forma, en un metro lo habitual es encontrarse a personas pidiendo, por tanto, nuestra respuesta es coherente con esa situación: No hacemos caso, suponemos que lo que tocan, cantan o dicen no tiene valor, creemos que pueden perdirnos dinero para malgastarlo, suponemos que son personas sin capacidades, etc.
Por otro lado, en un gran teatro, y sobre todo después de haber pagado 100 euros, nadie se atrave a decir que el violinista no es bueno (o incluso excepcional) a no ser que el fracaso sea innegable (aquí entra en juego sin duda el efecto de disonancia cognitiva).
De todas formas, este experimento nos hace preguntarnos lo siguiente:

  • ¿Cuantos artistas realmente merecen la pena, ofrecen un trabajo verdaderamente artístico, y no son valorados más por el contexto donde se presentan? Esto nos lleva a situaciones paradójicas, vinculadas con el marketing personal. Por ejemplo, no resulta raro que altos directivos vayan y vengan de unas y otras empresas, sin superar el periodo de prueba (por su incompetencia), pero después de haberse embolsado una cantidad importante de dinero.
  • ¿Cuantos artistas de valía no llegan a ser valorados porque no acceden a los lugares adecuados? Sin duda Picasso fue un buen pintor, pero muy pocos lo diriamos (excepto grandes “experto”) al ver esos garabatos que se muestran en grandes museos, si los viésemos en un pasillo de un dentista. Y de igual forma ¿cuantos grandes pintores (poetas, escultores, etc.) han sido menospreciados porque durante su vida fueron simples cabreros, tenderos, albañiles, etc.?
  • Y por último ¿cómo podemos valorar realmente las capacidades de las personas dejando al margen la influencia del contexto?
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