La investigación educativa en España

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Si por algo se ha caracterizado la ciencia española es por su práctica ausencia en el ámbito internacional. Al margen de honrosas excepciones, fruto de la voluntad y la entrega individual en la mayoría de las ocasiones, las iniciativas de generar un sistema científico eficaz han sido estériles. Sin embargo, durante el renacimiento, el humanismo español tuvo un papel destacado. El año 1481 en Salamanca, de la mano del padre Elio Antonio de Nebrija (1442-1522) es considerado el inicio temporal y espacial del Humanismo español. Este año tuvo lugar dos eventos, por un lado la difusión del paradigma humanista por toda Europa, lo que supone uno de los escasos momentos de expansión del conocimiento científico español. Por otro lado la transformación del Humanismo como movimiento filosófico, ético y político, en simples “humanidades” o disciplinas, reconocidas como parte de un currículum docente.
Al margen de aportaciones individuales más o menos reconocidas, como las investigaciones de Miguel Servet (1511-1553), las obras de Francisco Vallés (1524-1592) o los estudios de Jerónimo Muñoz (1520-1591) entre otros, hay que trasladarse a finales del siglo XIX para encontrar algunos intentos de renovación del saber español. Durante el “Sexenio Democrático” se produce la llamada “Edad de Plata”. En este período histórico la “Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas” (JAE) fue la institución más adecuada para el desarrollo de la ciencia española. Santiago Ramón y Cajal tal vez sea la expresión máxima de este despertar de la ciencia iniciado en ese último tercio del siglo XIX.
La investigación en educación en España ha seguido paralela a los derroteros de la ciencia española en general, aunque incluso con una menor atención e inversión que el resto de disciplinas científicas. Si bien el inicio del interés por la investigación educativa puede establecerse en los años veinte, con obras como la de Alejandro Galí (al estudiar el rendimiento escolar bajo la preocupación de obtener una medida objetiva) o la de Mira y López, junto con la de Madariaga, es cierto que desde el siglo XIX existía una preocupación por la definición del empirismo dentro de lo que actualmente queda agrupado bajo la denominación de Ciencias Sociales. A pesar de ello, no será hasta 1931 cuando se creen en las universidades de Madrid y Barcelona, las primeras secciones de Pedagogía.
Tras la interrupción que supone la guerra civil, se reanuda la actividad científica en la década de los cuarenta. En 1941 se crea el “Instituto de Pedagogía San José de Calasanz” dentro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En 1943 nace la “Revista Española de Pedagogía” donde se publican las investigaciones más importantes del momento. En 1944 se incluye la Pedagogía Experimental y la Pedagogía Diferencial en la reforma de los planes de estudios de Pedagogía. El primer catedrático de Pedagogía Experimental y Diferencial será el Doctor Victor García Hoz. Buyse publicará dos artículos en la Revista Española de Pedagogía, el primero en 1947 y el segundo en 1949. Nace la Sociedad Española de Pedagogía al tiempo que ve la luz la revista Bordón (1949).
En éstos casi treinta años (1940-1970) destacarán entre otros, el ya referido García Hoz, Yagüe, Secadas, Fernández Huertas, Yela y Villarejo. Entre sus aportaciones se encuentran la edición de manuales y tratados sobre métodos, técnicas e instrumentos usados en investigación, así como numerosas aportaciones desde la estadística.
A partir de 1970 se empiezan a consolidar nuevas líneas de investigación que definirán la investigación educativa posterior. Algunas características de los setenta son las siguientes:
1.- La investigación educativa se orienta hacia la práctica, con predominio de investigaciones relacionadas con las didácticas, orientación académica y profesional, pedagogía diferencial, organización escolar, psicopedagogía del lenguaje, evaluación, creatividad y formación del profesorado.
2.- Predomina la perspectiva empírica dentro de la metodología de investigación, sobre otros enfoques metodológicos. Se generaliza la utilización de diseños de investigación y técnicas de análisis de datos ajustados a los objetivos de las investigaciones. La mayoría de investigaciones tienen carácter descriptivo más que causal o comparativo.
3.- Se comienza a consolidar una planificación de la investigación educativa desde la administración, estableciéndose marcos de actuación a través de planes de investigación fomentados por las  distintas comunidades autónomas y administración central.
En 1970 se crean los Institutos de Ciencias de la Educación (ICE) en las universidades españolas, coordinados por el Centro Nacional de Investigaciones para el Desarrollo (CENIDE). La experiencia en el funcionamiento del CENIDE obligó a una modificación funcional, lo que potenció las competencias en ámbitos como la investigación educativa y el perfeccionamiento del profesorado. Estos cambios tuvieron como consecuencia la modificación orgánica con la creación del Instituto Nacional de Ciencias de la Educación (INCIE) en 1974. El INCIE toma las competencias relacionadas con la prospección educativa, prospección de la demanda social, formulación de objetivos, estudios sobre contenidos, métodos, estructuras y contenidos de la educación y la evaluación del sistema educativo. Por otro lado, crece el interés de los investigadores por tener acceso a las fuentes bibliográficas y documentales, lo que promueve, entre otros factores, la creación de la red estatal de bases de datos sobre investigaciones educativas REDINET por parte del Centro de Investigación y Documentación Educativa (CIDE).
En sus principios la investigación realizada en España se solía situar dentro del paradigma cuantitativo, observándose un intenso esfuerzo en la década de los setenta y principios de los ochenta por parte de los investigadores, para introducir los modelos y técnicas avanzadas, incluyendo la instrumentación informática. Sin embargo, es durante estos años cuando comienzan las críticas hacia el paradigma positivista, impulsadas también por los cambios sociales y políticos de la década de los ochenta. Comienza a considerarse el positivismo como obsoleto, tratando por ello de buscar alternativas interpretativas y críticas.
De forma resumida, los últimos años de la investigación educativa en España (en general de la investigación española en ciencias sociales) se ha caracterizado por:
       Diversidad metodológica y de enfoques de investigación.
       Difusión internacional de la investigación, principalmente hacia centro y sudamérica.
       Ampliación de los ámbitos de interés: género, integración, multiculturalidad, evaluación, e-learning, calidad, etc.
Con este punto se concluye la revisión histórica. A partir de este momento se ofrece una revisión de los aspectos epistemológicos fundamentales de la investigación en ciencias de la educación.
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